La invitación llegó una semana después del fin de semana que Luisa y Erick habían pasado juntos, viendo películas y comiendo crispetas. Era una gala benéfica, de esas donde se reúne toda la élite empresarial de la ciudad. Trajes de gala, joyas, sonrisas falsas y negocios disfrazados de caridad. Un evento donde los apellidos pesaban más que las personas, donde las alianzas se sellaban con apretones de manos y miradas cómplices.
Damián fue el primero en mencionarlo.
—Luisa —dijo, entrando a su of