La luz del sol entraba por los ventanales de la oficina de Luisa, pero ella no podía disfrutarla. Estaba sentada detrás de su escritorio, con los dedos tamborileando sobre la superficie de madera, la mirada perdida en algún punto de la pared. No había dormido bien. No había dejado de pensar en lo que había pasado. En lo que casi pasó.
La noche anterior regresó a su mente como una película que no podía detener. El apartamento de Damián. Las luces tenues de la ciudad entrando por los ventanales.