El taxi se detuvo frente a la mansión. La noche estaba oscura, sin luna, las estrellas ocultas tras una capa de nubes grises. Luisa pagó con manos temblorosas, ni siquiera esperó el cambio, y bajó del auto. Sus piernas apenas la sostenían. No solo por el alcohol. Por todo. Por lo que casi hizo. Por lo que no hizo. Por lo que sentía. Por lo que no podía sentir.
Caminó hacia la puerta con pasos lentos, tambaleándose. El vestido marfil estaba arrugado, el cabello desordenado, los labios sin pintar