61.
Nos supimos perdidos en ese momento, los dos. En el momento en que el placer que producía la boca de Nicolás en mí me hizo girar la cabeza hacia atrás y gemir, supe que no había marcha atrás. Y yo no quería que la hubiera. No quería ninguna marcha atrás. Quería enfrentar aquello sin importarme las consecuencias. Estaba segura de todos los reproches que me harían si se llegase a enterar. Que no tenía dignidad, que ya era tiempo de dejar atrás un amor que solo me había hecho daño. Tal vez tenían