52.
Me quedé de pie en la entrada del orfanato, sin saber muy bien qué tenía que hacer. Lo que había sucedido con Kevin no lo entendía, no era capaz de entenderlo. ¿Acaso él...? No, siempre lo había visto como un gran amigo. Siempre me había visto a mí como una gran amiga, ¿no? Eso quise creer.
Pero ahora, sinceramente, ya no entendía nada. Y estaba ahí, en medio de mis cavilaciones, pensando en lo miserable que era, cuando la hermana Sol apareció.
Tenía en su demacrado rostro una extraña expresión