157.

Corrí con tanta fuerza que la sangre subió a mi cabeza, me produjo un fuerte mareo.

— No te muevas — me advirtió Elisa.

El oso nos observó por unos segundos. Tuve la esperanza de que simplemente nos mirara con curiosidad y se marchara, pero entonces lanzó un fuerte gruñido, como si nuestra presencia lo molestara sobremanera. Seguramente así era. Seguramente nuestra presencia lo alteraba más que la suya a nosotras, pero de todas formas teníamos todas las de perder. No sabía exactamente qué era
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Yami Salashola gracias por compartir tu trabajo me encanta tu novela
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