105.
Mis rodillas temblaban más que nunca, pero no quise detenerme en ese momento. Seguí corriendo a toda velocidad hacia el lugar en el que recordaba que estaba la oficina de la hermana Sol. Tenía que encontrarla. Esto no podía estar pasando. No podía ser. Grité con rabia en ese momento, las lágrimas cubrieron mis ojos hasta el punto en el que prácticamente no podía ver absolutamente nada, pero continué. Podía escuchar los pasos de los demás detrás de mí, podía sentir también sus respiraciones acel