104.

Bombas incendiarias, había dicho Luis después de un rato. Pude ver la primera cuando se acercaba, volando en el patio de enfrente, cerca de la ventana donde estaba la oficina de la hermana Sol. Todos nos quedamos ahí, en el centro. El viento, a veces violento, empujaba grandes olas de fuego hacia nosotros. Y aunque estas no llegaban a tocarnos porque estábamos lo suficientemente al centro del pequeño parquecito que nos salvaba, podíamos sentir el fuego abrasador. Mi piel ardía, sentía que me do
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