Capítulo 8. El Hilo del Destino: Alejandro
La llamada de Camilo me había arrancado de la sombría resignación en la que me había sumido. "¡La encontré, Alejandro! ¡La encontré!" Sus palabras resonaron como un eco en mi oficina, disipando la bruma de mi desesperanza.
"¿Cómo? ¿Dónde está?" pregunté, mi voz inusualmente agitada. Mis instintos, que creía adormecidos, se habían activado de golpe.
"No por teléfono, hermano. Esto es para un almuerzo. Te veo en la Brasa, a la una," dijo Camilo, y antes de que pudiera hacer más preguntas, colgó,