Capítulo 125. Cimientos y Resoluciones.
**Alejandro**
Tokio tenía un ritmo que no se parecía a nada. No era como París, que susurraba secretos con aroma a vino. Ni como Medellín, que te abrazaba con la calidez del mango maduro. Tokio era precisión. Silencio. Tecnología envuelta en ritual. Y ahí estábamos nosotros, entre trenes que llegaban a la hora exacta y tiendas que parecían galerías de arte.
Estábamos en una pequeña terraza del hotel boutique donde Mónica se hospedaba, tomando té de jazmín. El sol descendía despacio sobre los te