La tarde caía sobre la villa con una luz dorada que teñía el lago de tonos anaranjados y rosados. Los patos nadaban cerca de la orilla, indiferentes a la tensión que flotaba en el aire. Los pájaros cantaban en los árboles, ajenos a los pensamientos que atormentaban a Ana desde hacía días.
Esa sensación no la dejaba tranquila.
Alguien la estaba mirando.
No era una idea. Era una certeza. Un escalofrío que le recorría la espalda cada vez que se asomaba a la ventana. Una sombra que se movía entre l