La noche había sido tranquila en el apartamento de Nicolás cuando regresaron de la villa.
La señora Valenzuela se fue directo a su habitación, cansada después del largo día. El señor Valenzuela también se retiró, no sin antes desearle buenas noches a su hijo. Nicolás se quedó en la sala, con la mente llena de imágenes que no podía apartar: la mancha en la pierna de los mellizos, la mancha en la pierna de Ana, la forma en que ella se había levantado el vestido con tanta naturalidad, como si no s