La noticia llegó a la villa como un rayo en un día despejado.
Ana estaba en el jardín con los mellizos, viendo cómo Elena gateaba detrás de los patos y Nicolás la observaba con sus ojos grises, cuando su teléfono sonó. Era Nicolás.
—Ana, tengo que decirte algo.
—Dime.
—Sofía salió de la cárcel. Está en mi apartamento.
El mundo se detuvo.
Ana sintió que la sangre se le helaba. Las manos le temblaban. Los mellizos, como si sintieran su angustia, comenzaron a llorar.
—¿Qué? —susurró—. ¿Cómo es pos