El ambiente en la sala había recuperado su calidez después del incidente de Sofía.
Los postres estaban servidos, las copas de vino llenas, y los padres de Nicolás sonreían mientras observaban a sus nietos, que habían despertado y miraban todo con sus ojos curiosos. Elena movía sus manitas hacia el abuelo, que la tenía en brazos. Nicolás, más serio, observaba a su abuela con una atención que contrastaba con su corta edad.
—Es hora del brindis —anunció la señora Valenzuela, levantándose—. Sofía,