La noche de la cena de despedida llegó con una suavidad que contrastaba con la tormenta que Ana sentía en el pecho.
Desde el incidente de la bofetada, había mantenido distancia con Sofía. Se saludaban con frialdad, se evitaban en los pasillos, compartían el espacio con la tensión de dos animales que saben que tarde o temprano tendrán que enfrentarse. Pero Ana había prometido a Nicolás que no habría más problemas. Y por él, por la paz de la familia, estaba dispuesta a tragarse su orgullo.
Esa no