La mañana llegó sin avisar.
Cristóbal abrió los ojos lentamente, luchando contra la modorra que aún lo envolvía. La luz del sol se colaba por las cortinas, pintando rayas doradas en el suelo. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar la mirada.
Lo primero que notó fue el vacío a su lado.
Ana no estaba.
Se incorporó de golpe, mirando a un lado y otro de la habitación. La cama estaba vacía. Sus cosas seguían en su lugar. El baño... el baño tenía la puerta entrecerrada y la luz apagada.
Habrá baj