165. "Los Negocios Oscuros de los Lombardi"
La mañana llegó a la cabaña como una intrusa no deseada. Selene se despertó con el cuerpo entumecido, no por el frío, sino por la soledad de la cama vacía. La noche había sido un desierto de sábanas frías, cada hora marcada por la dolorosa conciencia de la ausencia de él al otro lado de la puerta. Sabía que había cruzado un umbral. El frágil puente de confianza que habían construido se había derrumbado, y ahora estaban de nuevo en orillas opuestas, observándose a través de un abismo de sospechas