064. Dos Reinas en el Tablero del León
El abrazo se prolongó un segundo más de lo necesario, un acto de dominación disfrazado de consuelo. Selene sentía el temblor del cuerpo de Mar contra el suyo, la fragilidad de sus huesos, el latido errático de su corazón. Podía oler su mentira. Era un aroma agrio, metálico, que se mezclaba con el de su miedo. No era el miedo a Elio. Era el miedo a ser descubierta.
—Tenés frío —dijo Selene, apartándose, su voz un terciopelo de falsa preocupación—. No podés quedarte acá afuera. Estás temblando. V