044. ¿Querés Mirar? Mirá Bien
La partida de Florencio no dejó silencio. Dejó un eco.
El sonido de la camioneta alejándose por el camino de tierra fue una sentencia que se disolvió lentamente en el murmullo del mar. Después, la cabaña se sumió en una quietud que a Selene le pareció más ruidosa que cualquier discusión. Era el silencio de la soledad absoluta, una soledad que ya no era una elección, sino una condición impuesta.
Se quedó de pie en medio de la sala durante minutos que parecieron horas, escuchando el lenguaje de