El olor a café recién hecho flotaba en el aire mientras la lluvia golpeaba los ventanales con suavidad. El murmullo constante de la tormenta había envuelto el estudio en un silencio casi íntimo, roto solo por el sonido de la cafetera, el crujir del suelo de madera y un suspiro cálido que escapó de los labios de Elena.
Llevaba puesta solo una camisa de David, le llegaba hasta la mitad de los muslos, y dejaba al descubierto sus piernas largas y desnudas. El cuello desabrochado mostraba parte de s