Elena despertó en la cama que alguna vez fue testigo de sus noches más intensas junto a Dorian. El colchón aún conservaba su aroma, ese que a veces la envolvía como una promesa. Pero hacía semanas que no la tocaba, dormían juntos, sí, hablaban, comían, incluso reían... pero algo en él había cambiado.
Era la mirada.
Ya no la miraba como antes, no la devoraba con los ojos ni con el alma.
Ella se sentó, cubriéndose con la sábana hasta el pecho. Observó su silueta frente al ventanal, Dorian estaba