Esa semana pasó con una lentitud desesperante para Dorian. Los días se arrastraban como si el tiempo quisiera torturarlo, alargando cada hora y obligándolo a vivir en la incertidumbre. El trabajo, que antes era un escape, se convirtió en un ruido de fondo; sus pensamientos regresaban una y otra vez a ella.
Isolde.
La mujer que le había abierto un mundo de sensaciones y emociones que no sabía que podían coexistir. La mujer que lo dominaba con la mirada, que lo guiaba con una sola palabra, que lo