El trayecto hacia la casa de campo transcurrió en silencio. Dorian conducía con la vista fija en la carretera, los dedos tamborileando suavemente sobre el volante como si cada movimiento fuera una forma de contener lo que sentía. Había esperado ese momento toda la semana, planeando con detalle aquel fin de semana fuera de la ciudad. Para él no era solo un escape del bullicio, ni una excusa para perderse en los juegos de placer que tanto disfrutaban: era la oportunidad de estar con Isolde sin di