Victoria se había despertado al día siguiente de la cena de Demian con el sabor amargo de la bilis en la garganta. No era indigestión; era pura envidia.
Ella era la hija biológica, la que seguía las reglas, la que era delgada y hacía Pilates. Ella era la que debía capturar la atención de un hombre como Demian Vieri, un soltero poderoso. Pero, en cambio, Demian solo había tenido ojos para Valeria, la rellenita, la "peste" que se negaba a encajar. Ese baile... ese baile no había sido un simple ta