Ambientación: La Mansión Vieri. Ala médica y Jardín. El aire de luto se mezcla con la culpa.
El retorno del convoy Vieri no trajo la victoria, sino la pesada carga de un secreto. El niño de ocho años, futuro heredero de la Bratva, fue llevado directamente al ala médica. Su cuerpo estaba intacto, pero sus ojos de ónice, vacíos de expresión, eran la prueba silenciosa de un trauma insuperable. En su mente infantil, la verdad se había distorsionado en una certeza brutal: la llegada de los hombres de Demian Vieri había traído la muerte.
Demian, consumido por la culpa, evitó al niño. La muerte de Darya, la mujer que le había salvado la vida, le pesaba como una deuda de honor no saldada. Valeria, sin embargo, se movía con una precisión de Matriarca, encargándose de la logística del luto y la fabricación de la mentira.
—El niño será tratado con respeto y solemnidad —ordenó Valeria al personal de la Casa. —Es un huérfano de guerra que honramos por un antiguo pacto. La versión oficial es la tra