Demian Vieri había pasado la mañana entera sumido en la furia. Había destrozado su oficina, exigiendo actualizaciones a cada segundo sobre la cacería de Valeria. La pérdida de su calidez era un veneno lento, y su obsesión por la posesión se había vuelto más oscura.
Cuando el teléfono seguro sonó, Demian lo tomó con violencia. Era Dante, y su voz no era de sumisión, sino de advertencia.
Dante: __hermano , la cacería está cancelada. Por orden directa__
Demian: (Un rugido incontrolado) __¡¿Cancela