ANYA
Bajé las manos en busca del botón y la cremallera de su pantalón para quitárselo, cuando lo encontré, Luca sostuvo mi mano, pero no me retiró de ahí.
—Espera —volvió a hablar. —No traigo ningún condón.
Recordé, que yo ya no me estaba cuidando como antes, las píldoras me las quito el ginecólogo con el que Serguéi me envió.
—Entonces, ¿qué haremos? —me mordí el labio, inquietamente.
—Demonios —siseó. —Estoy limpio, pero…
Sabía que le preocupaba, un embarazo. Yo era lo que más evitaba, lo que