La llamada llegó a las tres y veinte de la tarde.
Número del colegio.
Contesté antes del segundo tono con la certeza inmediata e irracional de que algo iba mal. No hay ninguna razón lógica para que el colegio llame a las tres y veinte. No es la hora de salida. No es la hora de ningún evento previsto.
—Señora Rossi, soy la directora Valdés. Necesita venir. Ahora.
—¿Qué pasó? —El corazón ya antes de la respuesta.
—Sus hijos están bien. Físicamente. Pero ha habido un incidente.
Colgué.
Recogí el a