La noche antes de la entrevista, Valentino desapareció durante dos horas.
No dijo adónde iba.
Cuando volvió, lo supe en cuanto abrió la puerta. Había algo en la forma en que entraba cuando había hecho algo que sabía que yo no aprobaría: una quietud específica, el tipo de quietud que produce la anticipación de una conversación que preferiría no tener.
Lo miré desde el sofá.
Él me miró desde la puerta.
—¿Qué hiciste? —pregunté.
—Nada definitivo.
—Valentino.
Cruzó el salón y se sentó frente a mí c