La mañana siguiente empezó a las siete.
No con alarma. Con el tipo de despertar que produce el cuerpo cuando ha dormido lo suficiente y que no requiere que nada lo llame porque el sueño ya cumplió su función.
Valentino dormía todavía.
Aurora dormía.
Del pasillo llegaba el ruido específico de Luca, que era el ruido de alguien que se está moviendo con deliberación para no despertar a nadie pero que es cinco años y la deliberación todavía no es completamente silenciosa.
Me levanté.
Fui a la cocina