Marcos no durmió esa noche.
Lo supe porque cuando bajé a las seis de la mañana con dos cafés, él ya tenía los cuatro monitores encendidos y una carpeta impresa sobre la mesa que tenía el grosor específico de las cosas que no pueden esperar.
—¿Los archivos de Diana? —pregunté.
—Los archivos de Diana. —Cogió uno de los cafés sin apartar la vista de la pantalla—. Los que Marta transmitió esta madrugada. Los analicé durante cuatro horas.
Me senté frente a él sin que me lo pidiera.
— · —
Los archivo