La cena duró dos horas.
Enzo en la cabecera con la naturalidad de quien lleva décadas ocupando ese lugar. Los niños a sus lados porque Mía había declarado que quería sentarse junto al señor mayor que olía a madera y que Luca había protestado durante cuarenta y cinco segundos antes de aceptar la silla del otro lado.
Valentino y yo frente a frente.
Hablé cuando hizo falta. Respondí preguntas sobre los negocios, sobre la empresa. Observé cómo Enzo escuchaba. Cómo procesaba. Cómo miraba a los niños