El café estaba demasiado caliente y demasiado amargo, pero lo bebí de todas formas.
Necesitaba estar despierta. Alerta. Funcional.
Tres horas de sueño en cuarenta y ocho horas no eran suficientes para lo que venía, pero tendrían que serlo.
Carolina entró a mi oficina privada con una tablet en una mano y un segundo café en la otra. Conocía mis necesidades mejor que yo misma.
—El periodista confirmó —dijo sin preámbulos—. Recibió el paquete hace una hora. Está verificando los documentos ahora.
—¿