Diana llamó a las siete de la mañana.
Número nuevo. El tercero esta semana. Cambiaba el número cada dos días por instrucción nuestra, desde que habíamos confirmado que Harold tenía acceso a registros de operadoras en dos países europeos.
Contesté.
—Harold me dijo dónde es la reunión. —Directo, sin saludo, con la voz plana de quien ha dormido poco y no pierde tiempo en preámbulos.
—¿Dónde?
Un segundo de pausa.
—Una isla privada en el Caribe. Coordenadas en el Atlántico entre Martinica y Barbados