A medida que continuaban su viaje, la relación entre Althea, Gabriel y Lucian se volvió cada vez más tensa. Las emociones no resueltas seguían siendo una sombra persistente que amenazaba con desmoronar la frágil armonía que habían logrado. Cada día era un acto de equilibrio entre la misión que los unía y los sentimientos que los separaban.
Una tarde, mientras atravesaban un denso bosque, Althea sintió la necesidad de hablar con Gabriel a solas. "Gabriel," dijo, tocando suavemente su brazo. "¿Po