El grupo salió de la fortaleza en ruinas, cojeando y apoyándose unos en otros, cada paso cargado de dolor y cansancio. Las heridas físicas eran evidentes, pero las marcas en sus almas eran aún más profundas. Althea sabía que el peso de sus batallas recientes había despertado antiguos dolores en Gabriel y Lucian. Había llegado el momento de enfrentarlos, no solo para fortalecerse como equipo, sino también para entenderse a un nivel más profundo.
Esa noche, acamparon cerca de un río oscuro que re