Al otro lado del pasillo, Oliver dejó escapar un largo suspiro mientras cerraba con cuidado la puerta de su despacho. Sentía los hombros pesados, como si una carga invisible lo aplastara desde todas direcciones.
—Increíble… apenas ha pasado un día desde que la señora— —se interrumpió a sí mismo, pasándose una mano por el rostro con frustración—. Solo un día desde que la doctora Anna empezó a trabajar aquí, y los rumores ya han llegado a mis oídos.
Se presionó las sienes con los dedos, intentand