—Mamá, ¿ya almorzaste? —preguntó Anna al ver a Matilda sentada en el sofá de la sala.
—Sí. ¿Dónde has estado? —respondió Matilda, girándose hacia ella con un leve ceño fruncido.
—Lo siento, mamá. Tenía una cita con alguien —explicó Anna con suavidad—. Perdón por dejarte sola en casa.
Matilda adoptó una expresión de molestia exagerada. Anna no tardó en sentarse a su lado, entrelazando su brazo con el de ella y apoyándose con cariño.
—Mamá… —murmuró.
—Hmph —resopló Matilda—. Como disculpa, mañana