La mansión de los Sinisterra despertó con el bullicio del amanecer, un alboroto que parecía no cesar. Las primeras luces del día se filtraban a través de las cortinas, tiñendo el ambiente de una suavidad dorada que contrastaba con la tensión palpable en el aire. En los pasillos de la mansión, el sonido de tacones apresurados y voces susurradas llenaban el ambiente, mientras que las sirvientas se afanaban en los detalles finales para el gran día. La boda de Alanna y Leonardo estaba a punto de ce