El reloj marcaba las 9:43 de la mañana cuando Allison apareció en la sala principal, vestida con una blusa crema ajustada y pantalones entallados que resaltaban su figura. Su andar era tranquilo, casi elegante, pero su mirada llevaba esa sombra opaca de quien no olvida ni perdona.
Encontró a sus padres sentados en la terraza trasera, disfrutando del café que la señora Sinisterra había preparado. El sol atravesaba las ramas del árbol de níspero que adornaba el patio, y el canto de los pájaros se