El cielo se encontraba cubierto por nubes densas que amenazaban lluvia. La mansión Salvatore estaba sumida en un extraño silencio, como si incluso el viento supiera que algo importante estaba por definirse.
En la sala de estar, Leonardo estaba sentado en el borde del sofá, con los codos sobre las rodillas y las manos entrelazadas. La tensión en sus hombros era evidente. Frente a él, Alanna, recostada con elegancia en el otro extremo, lo observaba con atención. Había aprendido a leerlo incluso c