La mansión Salvatore dormía bajo el manto de la noche, pero dentro, el aire se sentía más espeso que nunca. Aquel día, algo se había removido en lo profundo. Una visita inesperada, una conversación entre madre e hija, y la entrega de algo que prometía abrir heridas que nunca cicatrizaron del todo.
Leonardo estaba en su estudio, con las mangas arremangadas, el cabello algo despeinado, sentado detrás de su escritorio con una copa de whisky entre los dedos. No bebía por placer… sino por contención