La llegada de Allison Sinisterra al edificio corporativo no fue discreta. Un elegante automóvil negro se detuvo frente a la entrada principal. Un chofer le abrió la puerta con un gesto casi reverencial, y ella descendió como una actriz de gala en una alfombra roja.
Llevaba un vestido entallado color vino que resaltaba su figura, unos tacones de aguja en tono nude, y una sonrisa ensayada hasta el último músculo.
—Buenos días —saludó, como si conociera a todos desde siempre.
Los empleados se mira