La mañana seguía gris.
Una bruma espesa se posaba sobre la ciudad, como si el cielo mismo se rehusara a dar claridad a lo que sucedía entre ellos. Alanna se había despertado con los ojos hinchados y la garganta seca. No había dormido más de dos horas, y aun así, se levantó con una energía diferente.
Ira. Dolor. Orgullo herido.
Pero sobre todo: una necesidad urgente de enfrentarlo.
Caminó por el pasillo hasta la oficina de Leonardo, cada paso resonando como un eco de todo lo que se había fractur