La puerta de la mansión se abrió con un suave clic, y Leonardo Salvatore entró cargando consigo algo más que el peso de su abrigo. Venía acompañado de una energía vibrante, casi eléctrica. Era la primera vez, en mucho tiempo, que sus pasos eran ligeros, seguros, y que su mirada se encendía con una chispa difícil de ignorar.
Cerró la puerta tras de sí con calma, como si no quisiera romper ese momento de satisfacción íntima. En su rostro había una sonrisa indisimulada, una de esas que brotan desd