La tarde caía lentamente sobre la ciudad, y desde la terraza de la mansión Sinisterra se podía ver cómo el cielo comenzaba a teñirse de naranjas y azules apagados. El canto lejano de los pájaros mezclado con la suave brisa daba al ambiente una paz aparente, pero dentro de la casa, esa calma era una ilusión frágil. Una tormenta silenciosa se estaba gestando.
En su habitación, Allison caminaba de un lado a otro. Llevaba el móvil en la mano, como esperando una llamada que sabía perfectamente que l