Alanna lo miró de reojo.
—¿Eso no te molesta? Pensé que querías que pasara desapercibida.
Leonardo la guió con sutileza entre la multitud.
—Me molestaría más que me avergonzaras. Así que, por esta noche, compórtate.
Antes de que Alanna pudiera responderle, una voz familiar los interrumpió.
—¡Alanna, querida!
Su madre.
La madre de Alanna la observó con detenimiento. Sus ojos recorrieron cada detalle del vestido, su porte elegante, el brillo de su piel bajo las luces del salón.
—Alanna… te ves p