Y ahora entendía la respuesta. Porque si él los odiaba… era como si estuviera odiando la parte que ella aún no podía dejar ir. Esa parte rota que aún pedía ser reconocida.
Pero también… porque si él lograba destruirlos, ella temía que se destruyera a sí mismo. Que se perdiera. Que se volviera tan oscuro como quienes lo lastimaron.
—Yo también te amo, Leonardo… —susurró, y la voz se le quebró—. Pero no puedo cargar con una venganza que no me pertenece.
Se llevó las manos al rostro, secando las l