La mañana siguiente amaneció serena en la mansión Salvatore, pero en el edificio principal de Salvatore Entreprise, la calma era solo una ilusión.
Alanna llegó temprano a la oficina, como Leonardo le había sugerido. Vestía un elegante conjunto que, sin ser ostentoso, transmitía autoridad. Saludó con cortesía al personal y se instaló en su nueva oficina, la cual había sido asignada por Leonardo el día anterior.
Pero no tardó en percibir que algo andaba mal.
Algunos documentos que debía revisar p