Michel
Un rayo de luz se filtra a través de las cortinas. Frío, tímido, casi vacilante, como si el alba no se atreviera a perturbar este santuario. Abro los ojos en la tibieza de las sábanas. Lucía todavía duerme, acurrucada contra mí, con los labios entreabiertos en un suspiro apacible.
Permanezco inmóvil unos instantes, escuchando su respiración. No tiene nada que ver con el ruido de las armas, los motores, las puertas al cerrarse. Aquí no hay amenazas, ni cálculos. Solo ella, frágil e intact